jueves, noviembre 24, 2005


Festejando en miércoles. Por los alrededores del Ángel

Miércoles 23 de noviembre. Salí del trabajo y llegué al lugar del festejo, los alrededores del Ángel de la Independencia. Busque en el hotel, donde había terminado el evento al que concurrieron mis colegas jarochos y en el qué les otorgaron un premio por su innovación. Para iniciar el festejo del premio que habían recibido nos fuimos concentrando en el bar del hotel que está en la esquina del Paseo de la Reforma y la calle donde está la embajada gringa y que tiene nombre de un río. Felicitaciones, abrazos y reconocimiento.


Tomábamos cervezas a la vez que comentábamos la importancia del triunfo de mis colegas. La euforia del triunfo. La satisfacción del reconocimiento.

Entre sorbos y brindis, hablamos de teatro. Cómo soy ignorante de este arte escuché lo que platicaba Juan Carlos, las temporadas de los grupos de teatro de las facultades de la Universidad Veracruzana. Del teatro derivamos la plática a actrices, hablamos de Lisa Owen, de Karina Gidi, de la incursión de ellas en el cine. Hablamos de las letras de Sergio Galindo, de su novela El bordo, de su otra novela Otilia Rauda que fue llevada al cine con el título de La mujer del pueblo, que ésta fue filmada en un desvencijado edificio que había sido hotel y que ahora remozado es un restaurante en el centro de Xalapa. Luciano, muy entretenido en merendar, interrumpía su ingestión y nos platicaba de su oficio, de cómo se hacían los diarios en los sesentas. Terminamos la ronda y salimos a continuar el festejo.

Por Reforma, dimos vuelta en Tiber. El Ángel desde la columna de la Independencia en la glorieta nos acompañaba en el festejo. A media cuadra ingresamos a la cantina de Los Remedios. El ambiente era de fiesta, en cada mesa tenían una fiesta y nosotros llegamos con la nuestra. Pedimos las bebidas. Hablamos de artistas. Viendo la galería de las paredes comentábamos las viejas películas. Andrea Palma, Kati Jurado, Sara García, el Indio Fernández, Pedro Infante, Ignacio López Tarso y la galería seguía, sigue ahí.

Se nos acercaron los músicos y cantantes y la cantante. Un quinteto que no era mariachi, que no era un grupo norteño y que tocaba canciones de trío y de todas. Todas las que se sabían. Pedimos y escuchamos canciones de José Alfredo Jiménez, de Álvaro Carrillo, de Juan Gabriel, de Armando Manzanero y terminamos la ronda con Veracruz de Agustín Lara.

Otra ronda de canciones. En esta segunda ronda ya no sólo escuchamos. Joaquín y Juan Carlos acompañaban a la cantante, Claudia. Luego las canciones se hicieron bravías, de caballos y carreras. Juan Carlos cantó El moro de cumpas. Al terminar cada canción éramos menos en el lugar. Se nos acercó un capitalino, nos dijo que estábamos acaparando a los cancioneros, le dije que seríamos respetuosos de las minorías y que terminaríamos nuestra ronda y que ellos pidieran su canción. La ronda se alargó, cerraron la barra, nos trajeron la cuenta, pagamos y salimos con uno de los cancioneros hasta un cajero automático para disponer de billetes y pagarles la última ronda. Nos despedimos de los cancioneros.

Regresamos al hotel. Entramos al bar, pedimos nuestras bebidas. Llegó el mariachi. A nuestra derecha una pareja de venezolanos, muy animados, acordamos con ellos que no teníamos ningún conflicto, que el diferendo era de otros y que no estaban en nuestra fiesta. A nuestra izquierda una pareja de mexicanos, como nosotros. Quedamos que éramos amigos.

Terminó el mariachi. Se nos acercaron dos españoles. Estábamos en que eramos amigos cuando la esposa de uno de ellos se le acercó y le reclamó no sé que cosa. Se retiró el grupo de españoles. Seguimos en nuestra plática, de viajes, de lugares, de otras cantinas, de La Farola de Oaxaca. Uno de los españoles regresó, se sentó a nuestro lado y brindamos, se retiró.

Sólo quedábamos dos grupos, los otros jarochos y nosotros. Nos reconocimos, seguimos festejando juntos. Finalmente pedimos la cuenta, pagamos y nos retiramos. Joaquín y Juan Carlos se dirigieron a sus habitaciones en el hotel. Yo salí, frente al Ángel abordé un taxi y me fui a dormir. El festejo había terminado, por hoy.

1 comentario:

Juan Carlos Igartua Tolosa dijo...

Excelente narrativa de una noche inolvidable que lamentablemente solo duro lo que dura la noche.
Ya la repetiremos.