
La fiesta de la famila terminó con el día. Estuvieron algunos que hacia varios años que no venían. Partimos del lugar con el sol. Nos veremos el siguiente año.

Una forma cada vez mas extendida de celebrar la Navidad en los hogares mexicanos es colocar el Árbol, adornarlo, colocarle luces y regalos.
En los últimos domingos, en mi trayectoria por la carretera he visto autos transportando árboles, llevándolos a los hogares para la Navidad. He visto muchos autos con uno o dos árboles sobre el capacete, habiendo sido cortados esos árboles del bosque.
Algo, que no es poco, que estamos perdiendo son nuestros bosques. Nuestras montañas están perdiendo bosque. Esos, pocos se dirán tal vez, árboles cortados de nuestros bosques tendrán una vida efímera, efímera en la longevidad que pueden tener los árboles. Terminarán, después de pasar las fiestas de fín de este año y el principio del siguiente, en las aceras para ser transportados por los carros de basura. Terminarán en los basureros.
Hace pocas semanas vimos en la televisión las inundaciones provocadas por las grandes avenidas de los ríos desbordados, desbordados porque las montañas aguas arriba han sido deforestadas, ya no tienen la capacidad de captar las grandes cantidades de agua de fenómenos meteorológicos extraordinarios y terminan provocando grandes daños aguas abajo. También erosionando las montañas. Así lo vimos en el Soconusco y la costa de Chiapas -2005-. Así sucedió también, en octubre de 1999, en el norte de Veracruz y la región oriental de Puebla.
Sería muy saludable para todos que cuidásemos el bosque. Todos podemos hacer algo por ello. Teniendo en la época navideña un adorno diferente a un árbol cortado del bosque y condenado a una vida efímera.
Podríamos adornar nuestros hogares con plantas de flores de Nochebuena. Estas se pueden cultivar en jardines y macetas. Estas Nochebuenas distinguirían la Navidad mexicana, por ser nuestro país su origen. Otra forma sería rescatar y conservar la costumbre de colocar los Nacimientos.
Conservando el bosque conservamos la vida. Podemos aspirar a una vida mejor si reforestamos el bosque. Un buen ejemplo de ello lo he visto en el Cofre de Perote. Donde ya estaba erosionándose, el ejército mexicano, los soldados, han avanzado en la reforestación de una extensa área. En las faldas del Cofre he visto descender y ascender por la carretera los autos con árboles que han ido a cortar al bosque. Unos reforestan y otros hacen lo contrario.
El bosque también tiene que ver con una mejor calidad de vida en la ciudad. ¿Qué opinan?
En cada elección les he dicho: No, gracias.
No tenemos porque dar gracias por el IVA de 15 a 16%, el ISR de 28 a 30% y, además de IVA, a las telecomunicaciones -televisión por cable, teléfono celular e Internet- 3% de impuesto adicional.
Otra vez: No, gracias.
A Noé de la Flor Casanova
I |
TABASCO en sangre maduray en mi su poder sangró. Agua y tierra el sol se jura; y en nubarrón de espesura la joven tierra surgió. Tus hidrógenos caminos a toda voz transité y en tu oxígeno silbé mis pulmones campesinos. A puños sembré mi vida de tu fuerza vendaval que azúcar cañaveral espolvorea en la huida. El tiempo total verdea y el espacio quema y brilla. El agua mete la quilla y de monte a mar sondea. Pedacería de espejo. La selva, encerrada, ulula. Casi por cada reflejo pájaro que se modula. Más agua que tierra. Aguaje para prolongar la sed. La tierra vive a merced del agua que suba o baje. Cuando la selva repasa su abecedario animal relámpago vertebral de caoba a cedro pasa. Flota de isletas fluviales varó en flor la soledad. Son de todo eternidad y de nada temporales. El mediodía tajado de algún fruto tropical tiene un sabor de cristal sonoramente mojado. Hay en la noche un instante de vida, que si durara, húmeda la muerte alzara cual un terrible diamante. Y a veces en la ribera es tan fina la mañana que la sonrisa primera todo el día nos hermana. Tiempo de Tabasco; en hondo suspiro te gozo así. Contigo, cerca de mí tiempo de morir escondo. Arde en Tabasco la vida de tal suerte, que la muerte vive por morir hendida, de un gran hachazo de vida que da, sin querer, la suerte. |
II |
La ceiba es un árbol gris de gigantesca figura. Se ve su musculatura medio manchada de gis. Es el árbol que hace todo; yo lo he visto trabajar y en la tarde modelar sus pajaritos de lodo. Ceiba desnuda y campal cuya fuerza liberó bosque y cielo y estrenó su claro de matorral. En desnudo pugilato parece que así despejas el campo y que le aconsejas a todo árbol buen recato. Navegando por el río, súbitamente apareces. Te he visto así, tantas veces, y el asombro es siempre mío. Cuando en el atardecer todo Tabasco decrece y el aire en los cielos mece lo que ya no pudo ser, con qué bárbara grandeza das la razón al paisaje que con oscura certeza se adueñó de algún celaje con que así la noche empieza. Ceiba te dije y te digo: colgaré mí corazón de un retoño de tu abrigo; tendrá su sangre contigo altura y vegetación. |
III |
Una laguna que llega y una laguna que va. Si la luz de frente anega o la luz de lado da el jacintal que congrega su poesía despliega que en mi voz cintilará. Hay más laguna que luna en la noche que es tan clara. Semeja que el cielo usara luz modal de la laguna. Hay más laguna que luna. Tiempo lagunar que cabe para siempre en nuestra vida. Que no se cierre la herida que por su boca se sabe la llegada y la partida. Estábamos la laguna y yo. Como esa noche... Con más laguna que luna la noche se desnudó. Sudor de intemperie humana que el aire sutil saló y en su humedad levantó flor lujuria rusticana. Tu adolescencia suspira junto a mi pecho velludo. El tiempo es tiempo desnudo y su largo cuerpo estira. Si por besarte viví con más laguna que luna, fue más luna que bebí que el agua de la laguna que a raya en cielos tendí. Como esa noche... |
IV |
El agua es laguna o río. Un espejo se quebró. Por todos lados miró la desnudez del estío. Con el agua a la rodilla vive Tabasco. Así dama de abril a octubre la flama que hace callar toda arcilla. Si por boca de la selva largó la verdad su grito, miente el silencio infinito del agua que el agua envuelva. Llueve lejos, por la sierra. Llueve a tambor y clarín. Toro del agua, festín corre por toda la tierra. Joven terrón cuaternario, por tu cuerpo de aluvión sangra el verde corazón de tu enorme pecho agrario. Lo que muere y lo que vive junto al agua vive y muere. Si en lluvia el cielo así quiere moje su noche en aljibe. Más agua que tierra. Aguaje para prolongar la sed. La tierra vive a merced del agua que suba o baje. Brillan los laguneríos; en la tarde tropical actitud de garza real torna el aire de los ríos. La noche en lluvia y batracio retiñe el nocturno verde y al otro día se muerde verde el verde del espacio. Agua de Tabasco vengo y agua de Tabasco voy. De agua hermosa es mi abolengo; y es por eso que aquí estoy dichoso con lo que tengo. Villahermosa, Tabasco, 1943. |